No podía detectar, por más que quisiera, que ocurría en el interior de su inmensa y desordenada mente, pero tenía la evidencia concreta de que algo acontecía. Una gran necesidad se hacía visible cada vez que sentía su ser junto al mío; no se si me necesitaba a mi. A veces creía que así era; creía que nos necesitábamos mutuamente por eso la vida nos había cruzado tan inesperadamente.Palabras cálidas, un abrazo que roce la piel, una sonrisa contagiosa, una charla desahogante, un poco de compañía, varios mimos reunidos en un instante... todos necesitamos... tal vez él un poco más.
Nos miramos fijo, acompañados por el silencio que tanto sonido posee, durante un largo tiempo. El ahí me tenía, incondicional desde el día en que lo conocí y supe ver su alma con los ojos de mi corazón. Quizás desconocía mi permanencia a su lado. Se lo hacía notar en cada ocasión posible. Pero las cosas implícitas no son fáciles de percibir.
En medio de un mar de dudas, sobre sus necesidades, sobre las mías, sobre sentimientos incomprendidos, sobre si él conocía el lugar que ocupaba en mi vida, sobre si yo entendía que lugar ocupaba en mi vida y yo en la suya... brillaba una sola certeza... nuestras almas permanecían unidas por fuertes y resplandecientes lazos que resistían cualquier tipo de desgarro posible.
De algún modo él ya me pertenecía y yo ya le pertenecía...!!!
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